Compartilhe
Por Patricia Gainza

En Montevideo, del 22 al 25 de octubre de 2020 tuvo lugar el Foro Social Américas de las Migraciones. Un gran desafío: generar un espacio de convivencia e intercambio a través de las plataformas virtuales. Todo el evento fue realizado en línea por primera vez en la historia de los movimientos sociales. Así se comunicaron casi 600 personas (67% mujeres, 25% varones, 15% trans, 10% no binarias), se realizaron más de 20 actividades previas, más de 30 actividades en el Foro, intervinieron 352 organizaciones de 38 países y como resultado del proceso se obtuvieron casi 60 propuestas para seguir trabajando y llevar como plataforma regional al Foro Social Mundial de las Migraciones (FSMM) que tendrá lugar en 2021 en África.

El lema del evento “Migrar en tiempo de nuevas xenofobias y viejos racismos” buscó poner de relevancia los graves eventos racistas que han tenido lugar el último año pero también poner en el tapete la diversidad de situaciones racistas que viven las personas racializadas cada día en todos los países de la región.

Dentro de la larga lista de objetivos, en esta ocasión, se priorizó: a) la búsqueda de articulación entre los diversos actores para analizar conjuntamente el fenómeno migratorio y las repercusiones sobre la vida de las personas migrantes desde distintos ángulos; b) el reforzamiento de liderazgos llegando a acuerdos sobre temas prioritarios para la región que puedan ser utilizados como plataforma para las actividades del FSMM que tendría lugar en 2021; y c) aumentar la incidencia sobre el poder público para promover más y mejores políticas públicas con perspectiva de derechos humanos dirigidas a las personas migrantes.

El Comité Organizador Internacional del Foro, integrado por diecisiete organizaciones activas, se propuso trabajar en torno a seis áreas temáticas: (i) migración laboral y trabajo decente, (ii) migraciones climáticas, (iii) migrantes y género, (iv) migrantes y derecho a la ciudad, (v) migración e interseccionalidad, y (vi) salud, crisis sanitaria y migración.

Asimismo, se propuso trabajar estos temas desde tres ejes transversales: la participación social y política de las personas migrantes, enfocándose en las nuevas modalidades de organización en este nuevo entorno donde el capitalismo se reinventa y bajo la particularidad del contexto de crisis sanitaria, económica y social provocada por la Pandemia de Covid 19. Otro eje que incorpora la perspectiva de género y diversidad sexual, que permite analizar los procesos de feminización de las migraciones pero también la afectación diferenciada que sufren las mujeres y las personas de la diversidad sexual a lo largo del proceso migratorio. Y el tercer eje, la incorporación de las visiones antirracistas y antixenófobas para contrarrestar el reforzamiento de las visiones racistas que en el último año han tenido de sus expresiones más crueles en varios países de nuestra América.

La dinámica en línea y la realización de todas las actividades del encuentro de forma virtual significó un gran desafío para la organización, no solo en materia de formato técnico y su implementación, sino también en lo que respecta a la convocatoria y la generación de un espacio legítimo. Así se acordó la realización de actividades previas al foro, durante los meses de agosto y setiembre, que fueron mostrando las posibilidades de interacción, entrenando en el manejo de las tecnologías y dando difusión a los temas y sus implicancias.

Sin duda que las personas migrantes sean pioneras en el uso de las tecnologías y la adaptación de las mismas a su vida cotidiana como formas de estar en el aquí y en el allá contribuyó ampliamente al éxito de este esquema de trabajo. Esto nos muestra que es posible involucrar a más personas en procesos de discusión compleja a través de tecnologías de bajo costo.

Recordemos que en 2005 en Porto Alegre, Brasil, el grito de “Otro mundo es posible” tomaba dimensiones masivas de participación y refrescaba las esperanzas rompiendo la idea hegemónica de que no era viable una alternativa al neoliberalismo. Tan era así, que en esos años comenzó la década de gobiernos progresistas a lo largo de Sudamérica que sigue teniendo repercusiones al día de hoy, con algunos pueblos retomando el poder, a pesar de los grandes costos y problemas, como se puede ver en los casos de Argentina, Bolivia y Chile.

Es en Porto Alegre donde inicia una nueva etapa de conquistas y protagonismos para los movimientos sociales, demostrando capacidad de propuestas y construcción de nuevas y diversas acciones colectivas a nivel planetario. Las respuestas del poder a nivel continental eran las mismas que regresan hoy en día: el uso de la fuerza, la militarización, la represión, la criminalización de las luchas sociales y la protesta, y el autoritarismo político.

De este contexto se desprende el Foro Social Mundial de las Migraciones (FSMM) que ya cuenta con nueve ediciones en estos quince años -Brasil (2005-2006-2016), España (2006-2008), Ecuador (2010), Filipinas (2012), Sudáfrica (2014), México (2018)- y donde la idea central es la de proceso. Edición tras edición se ven aprendizajes acumulados y esta instancia colectiva se constituye en una caja de resonancia para los eventos relevantes del momento.

Este proceso busca construir una nueva visión de la migración y las personas migrantes, busca generar cambios culturales respetuosos y garantistas de los derechos humanos y de las personas en contextos de movilidad; teniendo como protagonista del cambio cultural a la sociedad toda y no exclusivamente los ámbitos de decisión política.

En esta transformación estamos y seguimos creyendo que es posible.

En esta edición hubo dos actividades específicas por país. Colombia: crisis humanitaria y migraciones forzadas superpuestas; y Haití Universal: migraciones, resistencia y reparaciones del pueblo afrodescendiente. En la primera se intercambiaron percepciones sobre la actual situación de Colombia en materia humanitaria, teniendo en cuenta la superposición de las dinámicas migratorias internas y externas y sus múltiples migraciones forzadas. En la situación interna, las del conflicto armado y el incremento de las graves violaciones a los derechos humanos; en lo externo la crisis internacional que implica la migración forzada venezolana y la migración haitiana.

En la segunda mesa, se recuperaron elementos de la historia de Haití, se reflexionó sobre las causas de la actual crisis y se recorrió la situación de algunos grupos específicos en especial situación de vulneración como son las y los jóvenes y las mujeres. Se incorporaron elementos de análisis como el exterminio de la producción local hace ya un par de décadas, las crisis climáticas y las capacidades de resistencia y resiliencia del pueblo haitiano.

En lo que refiere a las propuestas finales, en términos generales hay un llamado a los actores políticos para que asuman su responsabilidad a través de la gestión adecuada de políticas públicas y concretamente de políticas migratorias, tanto para personas migrantes como refugiadas, apátridas, desplazadas y retornadas, que incluya los distintos aspectos identitarios que constituyen a cada grupo poblacional con riesgos diferenciados. A los Estados también se les pide la regulación migratoria sin segmentación por nacionalidad, la aplicación irrestricta de acuerdos regionales tales como la Declaración de Cartagena (1984), políticas de recuperación económica post pandemia específicamente para mujeres migrantes, la incorporación de programas destinados a las personas migrantes en las agendas de los municipios, la validación de saberes por competencias que trasciendan la educación formal y la garantía de participación política de las personas migrantes en los diversos ámbitos.

También hay una importante serie de propuestas que apuntan a la propia transformación como organizaciones de la sociedad civil que implican movernos hacia ese cambio cultural esperado. En este sentido, se propone la realización de campañas de comunicación, información y sensibilización sobre los derechos de las personas migrantes, así como sobre las características del racismo y la xenofobia y las consecuencias que ello tiene para la vida de las personas migrantes. Se propuso educarnos en la desestructuración del racismo, promover la multiculturalidad y la no discriminación en las escuelas, incorporar a nuestras organizaciones una mirada feminista e interseccional, reivindicar el derecho humano a migrar, promover capacitaciones en migraciones, género y derechos humanos. Se llamó a impulsar una red global de territorios universales y ciudades santuarios, otras para compartir buenas prácticas y otras en relación a la cultura de la migración. Se convocó a fomentar nuevas narrativas sobre las personas que migran y contribuir a su participación social y política en las ciudades que habitan y construyen, revalorizar a las personas migrantes como generadoras de diversas riquezas y desarrollo, potenciar proyectos que tomen el espacio público como herramienta para la visibilización de la multiculturalidad migratoria, reivindicar la importancia de la multiculturalidad como un valor social, reivindicar los derechos lingüísticos. Asimismo, se llamó a profundizar los diálogos continentales, se proclamó la salud como un derecho humano fundamental y la promoción de sistemas se salud regionales, universales, integrales e igualitarios, la construcción de una perspectiva regional de paz, y la visibilización de las problemáticas humanitarias internacionales, especialmente las de Colombia y Haití.

Ojalá que esta instancia compartida de FSAM nos permita ampliar el entendimiento sobre el fenómeno migratorio y las personas que migran. Y que eso contribuya a una mejor convivencia y garantía en el acceso a los derechos humanos de todas las personas.